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jueves, 25 de julio de 2013

Avanzando hacia un proyecto socialista en salud


Leyendo el libro El otro modelo: del orden neoliberal al régimen de lo público (autores Atria, Larraín, Benavente, Couso, Joignant, 2013) me he encontrado con una inteligente y amena sistematización de cosas que muchos venimos diciendo desde hace varios años. Interesante aparece la insistencia en la valoración del concepto de interés general, y la insinuación que la contradicción principal del período podría ser entre intereses particulares y el interés general. También gratifica leer la fundamentación que entregan los autores sobre la importancia de los partidos políticos en democracia, y cómo estos están llamados a articular, canalizar y expresar las demandas de los ciudadanos (el “pueblo”) en una relación de complicidad con los movimientos sociales.
De tal modo que la creación de este blog Red socialista en salud se condice perfectamente con el pensamiento crítico que expresan los autores del libro, y particularmente con que la lucha por reivindicaciones sectoriales o específicas finalmente debe encajar dentro de un cuestionamiento más global a la forma cómo estamos organizados en sociedad. Red socialista en salud pretende ser un espacio de difusión del pensamiento socialista en temas de salud, entendiendo que este pensamiento se puede manifestar en documentos finales, documentos en discusión y de borradores, en columnas de opinión, en votos políticos, en fin, en una variedad de medios y maneras, todos los cuales deben ser socializados con la ciudadanía más general. Qué mejor manera de hacerlo que en un medio electrónico de acceso abierto y que permite comentarios y discusión más colectiva.
En salud, los socialistas nos estamos organizando en una comisión, como es de tradición hacerlo y en concordancia con los estatutos del Partido Socialista de Chile. La comisión se reúne el primer jueves de cada mes en la sede del Partido en Santiago (sin perjuicio de la que la misma se replique en regiones y comunas). Es en esta instancia donde se acordó crear este medio, pero con un nombre un poquito más convocador, y que pueda estimular a todos los socialistas y cercanos al pensamiento socialista a difundir en las redes sociales.
Queda extendida, entonces, la invitación a escribir en este espacio.
Pero también queda extendida la invitación a revisar críticamente los materiales que iremos publicando periódicamente y que serán fundamentales para actualizar las posiciones socialistas en temas de salud, y también para generar discusión en los frentes sociales y ciudadanos. Pondremos aquí a disposición no sólo documentos, sino que también presentaciones gráficas sobre aspectos puntuales que deseamos resaltar.
Y si bien este año estamos en una coyuntura electoral importantísima, lo que estamos creando como construcción socialista colectiva en la comisión, en este blog, y en otros espacios que vayan paulatinamente naciendo, está pensado para proyectarnos en un horizonte de mucho más largo aliento. Las grandes transformaciones pendientes en Chile, como la superación del modelo neoliberal por otro modelo que refuerce la noción de lo público, del bien común y del interés general, como dicen en El otro modelo, no será ni tarea fácil, ni menos inmediata.
La formulación de un proyecto socialista para salud, articulado con la demanda de cambio societario que reclama la gente, es responsabilidad de todos y cada uno de nosotros. Aquí va nuestro esfuerzo en esa dirección.

Vivienne C. Bachelet
Médico-cirujano

lunes, 22 de julio de 2013

Aportes para una nueva política de drogas de la nueva mayoría.


El fracaso de las políticas de drogas es un fenómeno conocido que se ha logrado posicionar en la agenda global a partir de las declaraciones de la Comisión  global de políticas de drogas (formada por los ex presidentes Cardoso, Gaviria, Zedillo, entre otros);  el llamado de la OEA a revisar las políticas de drogas como fenómeno regional; la legalización del mascado de hoja de coca en Bolivia, el llamado a despenalizar las drogas en Guatemala, Colombia y Uruguay y el caso del “gigante prohibicionista” de los EE.UU, que al día de hoy permite el consumo médico en 19 estados y el recreacional en Washington y Colorado.

A nivel nacional, los cada vez mayores movimientos sociales organizados en torno a la despenalización del cultivo (Movimental, No mas presos por plantar); la posición del Colegio Médico de Chile, en cuanto a avanzar en regular y estudiar las alternativas médicas que ofrece la cannabis sativa; los casos que la prensa ha ventilado en sus líneas, como los del Dr. Milton Flores, el animador Félix Soumastre, el actor Ariel Mateluna, los productores y animadores Manuel y Sergio Lagos han contribuido a posicionar el tema en la agenda local.

Desde la convención única sobre estupefacientes de 1961 el fenómeno social del consumo de drogas se ha enfrentado políticamente desde la prohibición  en gran parte de las sociedades del mundo, y es precisamente la radicalidad de esa política la que ha causado más males que los que el consumo de las propias drogas ha producido.

Así, la guerra contra las drogas ha dejado 90.000 muertos en México desde 2005; 20.000 en Colombia, miles de desplazados viviendo en las calles de Bogotá, 80.000 encarcelados por ley 20.000 en Chile (2012) y 2/3 del total de las mujeres en prisión en Chile, lo están por ley 20.000, fundamentalmente por microtráfico y un larguísimo etcétera. En las poblaciones más pobres, precisamente se producen indeseables efectos de violencia, robo y mercadeo sexual para conseguir algo de pasta, que involucra a nuestros ciudadanos en oscuros y profundos recovecos de nuestra sociedad enceguecida por el dogma de prohibir lo que no queremos ver.

Todos estos hechos constituyen violaciones flagrantes a los derechos humanos de quienes, que por diversas razones consumen o comercian con drogas en mercados negros y termina en cárceles o programas de rehabilitación impuestos por los tribunales.

Por lo tanto, se hace necesario cambiar el enfoque de la política, desde la mirada policial a otra centrada en lo sanitario al momento diseñar políticas públicas. En el escenario político local, se podría avanzar bastante si nuestros presidenciables se pronunciaran seriamente sobre la necesidad de modificar la política pública sobre el consumo y uso de drogas.

Entendámonos. Nadie desea que se consuman drogas ni que se favorezcan ese tipo de hábitos. Pero una buena política de drogas debiera plantearse como objetivo la disminución  de los daños a nuestra población y no el castigo a quienes consuman. Debiera combatir el narcotráfico y no castigar a quienes mantienen economías de subsistencia con el tráfico menor. Debiera preocuparse por la calidad de la sustancia que corre en la calle, para minimizar los daños de quienes consumen. Esta es la base del modelo de reducción de daños, siendo una  alternativa al prohibicionismo, que posee destacadas dimensiones en Portugal, República Checa, Holanda, España, Suiza, Dinamarca, Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Jamaica e India.

Sin embargo, tímidamente nuestros presidenciables se han pronunciado. Michelle Bachelet ha dicho que está dispuesta a revisar la política de drogas, a cambiar de lista a la cannabis, y que el autocultivo no está en el programa. Marco Enríquez ha planteado la reforma a la política de drogas. Velasco y Gómez pese a que ya no compiten,  se mostraron a favor de regular al menos el consumo de cannabis. En el caso de la derecha,  Longueira alcanzó a negarse al debate y Allamand ambiguamente señaló que “existe espacio para precisar esa legislación”.

Como sea, los cambios que se esperarían para esto, debieran incluir al menos lo siguiente:

  1. No encarcelar personas por poseer, cultivar, portar o abastecerse con sustancias psicoactivas
2.   Ofrecer terapia solo a quienes la necesiten y no de manera masiva como se hace ahora.
  1. Permitir alguna opción de abastecimiento para el consumidor, ya sea el autocultivo, clubes de consumidores o estanco estatal.
  2. Asimismo, distinguir entre microtráfico y grandes traficantes, estudiando la proporcionalidad entre el delito y la pena.
  3. Entregar abundante información sanitaria, basada en evidencia científica,  acerca de los reales efectos de estas sustancias (legales e ilegales) a la población, para favorecer la toma de decisiones informada.

 
Sergio Sánchez Bustos.
Médico Salubrista.